Cuentos para educar en valores y actitudes

cuentos para educar en valores y actitudes
Tiempo de Lectura: 4 minutos

Una de las metas fundamentales de cualquier sistema educativo consiste en formar valores y actitudes en los educandos.

Desde los inicios de la pedagogΓ­a los educadores han intentado transmitir no sΓ³lo conocimientos cientΓ­ficos e informaciΓ³n, sino facilitar valoraciones acerca de la realidad y ofrecer mΓ©todos para conseguir coherencia entre pensamientos y conductas.

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La carrera de los sapos

(Cuento)

Valor: PERSEVERANCIA

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Γ‰rase una vez una carrera de sapos en el paΓ­s de los sapos. En objetivo consistΓ­a en llegar a lo alto de un gran acantilado que se encontraba en aquel lugar.

Todo estaba preparado y una gran multitud de sapos y ranas se reuniΓ³ para aplaudir y gritar por todos los participantes. Cada quien tenΓ­a su favorito y habΓ­a hecho su apuesta. En su momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar.

La multitud creΓ­a que nadie llegarΓ­a a la cima de aquel acantilado pues, ciertamente, era muy alto; todo lo que se escuchaba era: No lo van a conseguir, quΓ© lΓ‘stima, estΓ‘ muy alto, es muy difΓ­cil, no lo van a lograr.

AsΓ­ la mayorΓ­a de los sapitos empezaron a desistir. Pero habΓ­a uno que persistΓ­a, pese a todo, y continuaba subiendo en busca de la cima.

Como la multitud continuaba gritando que era muy difΓ­cil y no lo podrΓ­an conseguir, todos los sapitos empezaron a darse por vencidos, excepto aquel que se seguΓ­a esforzando tranquilo y cada vez con mΓ‘s fuerza. Finalmente fue el ΓΊnico que llegΓ³ a la cima.

Cuando se le proclamΓ³ vencedor muchos fueron a preguntarle cΓ³mo habΓ­a conseguido llegar hasta arriba y realizar semejante proeza.

La sorpresa llenΓ³ a todos al darse cuenta que el sapito perseverante era sordo.

SΓ© siempre sordo cuando alguien dude de tus sueΓ±os. No des oΓ­dos a las voces que intenten desanimarte.

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Cuento El anillo

Valor: AUTOESTIMA

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El joven discΓ­pulo se presentΓ³ con actitud humilde ante el maestro de sabidurΓ­a y, sin atreverse a levantar la mirada dijo:

Maestro me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que soy torpe. Nadie me quiere. ΒΏCΓ³mo puedo mejorar? ΒΏQuΓ© puedo hacer para que me valores?

El maestro de sabidurΓ­a le dijo:

Lo siento muchacho, pero no puedo ayudarte. Primero debo resolver unos problemas personales. QuizΓ‘ despuΓ©s…Y haciendo una pausa agregΓ³:

Si quisiera ayudarme, podrΓ­a resolver este problema con rapidez y tal vez despuΓ©s pueda echarte una mano.

El joven quedo muy desilusionado. Una vez mΓ‘s lo dejaban al lado. Sus problemas y preocupaciones parecΓ­an no importar a nadie. Pero acepto ayudar al maestro.

El maestro de sabidurΓ­a se quitΓ³ el anillo que llevaba puesto en la mano izquierda, lo dio al muchacho y agregΓ³:

Toma el caballo que estΓ‘ afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este aΓ±illo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que tengas por el la mayor suma posible, pero no aceptes menos de diez monedas de oro. Vete y regresa lo mΓ‘s rΓ‘pido que puedas.

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El joven tomΓ³ el anillo y partiΓ³ hacia el mercado. Una vez allΓ­, lo ofreciΓ³ a los mercaderes que encontraba a su paso. Γ‰stos lo miraban con interΓ©s, hasta que el joven decΓ­a lo que pretendΓ­a por el anillo. Cuando el joven mencionaba las diez monedas oro, algunos reΓ­an, otros le volvΓ­an la espalda…

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DespuΓ©s de ofrecer su joya a todo el que cruzaba en su camino, y abatido por su fracaso, montΓ³ su caballo y regresΓ³. EntrΓ³ a la habitaciΓ³n, donde estaba el maestro, y le dijo: Maestro, lo siento pero no me ha sido posible conseguir lo que me pediste. QuizΓ‘ pudiera haber conseguido dos o tres monedas, pero no creo que pueda engaΓ±ar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.

El maestro, tomando entre sus manos el anillo, dijo al joven:

No importa lo que haya dicho la gente del mercado. Ninguno de ellos entiende de orfebrerΓ­a. Debemos primero saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero de la ciudad, que es un experto anillos. Diles que quieres vender el anillo y pregΓΊntale cuΓ‘nto te da por Γ©l. No importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquΓ­ con mi anillo.

LlegΓ³ a la joyerΓ­a. El anciano orfebre examinΓ³ el anillo a la luz, lo miro con su lupa, lo peso, y luego dijo:

Dile al maestro que si lo quiere vender ya, no puedo darte mΓ‘s que sesenta monedas de oro por su anillo.

Ante la admiraciΓ³n y extraΓ±eza del joven discΓ­pulo el orfebre persiguiΓ³:

Con tiempo podrΓ­amos obtener por Γ©l cerca de setenta monedas, pero no sé…SΓ­ la venta es urgente…

El discΓ­pulo corriΓ³ emocionado a casa del maestro, a contarle lo sucedido.

El maestro de sabidurΓ­a, despuΓ©s de escucharlo le respondiΓ³:

TΓΊ eres como este anillo: una joya valiosa y ΓΊnica. Y como tal, sΓ³lo puede evaluarte verdaderamente un experto. ΒΏQuΓ© haces por la vida partiendo que cualquiera conozca tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volviΓ³ a ponerse el anillo en un dedo de su mano izquierda y partiΓ³.

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