¿Cómo Enseñar A Leer A Nuestros Alumnos?

como enseñar a leer a nuestros alumnos

¿Cómo Enseñar A Leer?

La lectura es una herramienta extraordinaria de trabajo intelectual ya que pone en acción a la mente y agiliza la inteligencia. Además aumenta nuestra cultura, proporciona información, conocimientos y exige una participación activa, una actitud dinámica que transportará al lector a ser protagonista de su propia lectura, y no dejarlo actuar sujeto paciente.

Una norma general de todo aprendizaje infantil es celebrar con grandes muestras de alegría la finalización de cada sesión, el niño ha hecho algo importante y comprueba el reconocimiento de sus padres a su importante logro. Para que el niño realice un aprendizaje completo, placentero y eficaz de la lectura se han de tener en cuenta las siguientes indicaciones.

 

1.- Empezar lo antes posible.

La mejor edad para enseñar a leer a un niño es cuando tiene alrededor de un año. Si no se empieza a esta edad, siempre es mejor a los dos años que a los tres, o a los tres que a los cuatro o los cinco. Cuando más pequeño es el niño, mejor dispuesto está su cerebro para un buen aprendizaje, y el proceso resulta más fácil y cómodo.

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2.- La sesión de lectura tiene que ser alegre

Las “clases de lectura” han de ser como unos momentos de fiesta en los que todos los participantes disfruten. Si el niño y quien lo enseña, sea alguno de los padres o un educador, no lo pasan bien, algo funciona, así que hay que desistir de seguir adelante a la espera de momentos mejores.

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3.- Sesiones frecuentes

Debe haber varias sesiones del día, aunque de escasa duración. Hay que cuidar la preparación y la organización de los materiales que van a utilizarse durante los meses en que se lleva a cabo el aprendizaje.

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4.- Sesiones muy breves.

La atención de los niños no puede concentrarse más que unos pocos segundos, por lo que hay que aprovechar ese tiempo sin llegar a cansar. La duración de cada sesión oscila entre los cinco o seis segundos para los más pequeños y los diez u once para los mayores. La norma básica es que la sesión termine antes de que muestre cansancio.

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5.- Aprovechar los momentos de lucidez.

Hay que aprovechar los momentos del día más adecuados, cuando los niños están despejados, sin síntomas de sueño o cansancio. Nunca hay que enseñar a un niño cuando se encuentre cansado, con sueño o con hambre. También es importante el ambiente del lugar, se requiere un buen entorno que evite las distracciones del niño, sin ruidos de radio o televisión, ni objetos en las aproximaciones que traigan su atención.

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6.- Nada de repeticiones

El niño no capta las palabras a fuerza de repeticiones, sino gracias a su retentiva y a la agilidad de su cerebro. Para ello hay que utilizar materiales nuevos y bien preparados. No es necesario comprobar si el niño ha captado lo que se le enseña.

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7.- Ritmo rápido en las sesiones

Las sesiones deben prepararse bien para que no se produzcan silencios que desconcierten a los niños y les distraiga. Una vez elegido el momento, se lleva a cabo la sesión en pocos segundos, sin interrupción ni espacio ninguno. El tema de la rapidez es vital porque los niños aprenden rápidamente y mostrarles una tarjeta más de un segundo les cansa. Los niños no necesitan mirar fijamente para entrar atentos y absorben las informaciones al instante, como esponjas.

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8.- Nada de controles individuales

Hay que respetar al niño y tener confianza en él. No hay que ponerle nunca en situación de fracaso haciéndole preguntas de control o examen, aunque ésta sea una costumbre inveterada en la escuela.

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9.- Enseñar con el entusiasmo.

Hay que dar a la sesión de lectura el empaque de algo importante; mostrar un buen talante, poner énfasis en las frases que se dicen y utilizan un tono de voz algo elevado muy afectuoso. Es preciso mantener el mismo entusiasmo todo el tiempo que dura la sesión. Si la persona que tiene que enseñar a leer al pequeño no se sienta con ánimos para hacerlo bien y a gusto, es mejor que lo deje para otro momento.

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10.- Finalización placentera

La sesión debe acabar con una celebración especial. El padre o la madre que ha participado en ella termina celebrando el acto con expresiones de afecto hacia el niño mediante carisias, besos o abrazos, con los que se le da a entender la alegría que produce su aprendizaje. Ésta es la mejor recompensa a su interés. No hay que recurrir a premiarle con galletas o caramelos. El pequeño ha de similar todo lo que ha aprendido con un sentimiento muy placentero, lo que facilita y acelera el proceso de aprendizaje.

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“La edad para empezar a leer no ha de ser un obstáculo cuando se trata de los niños pequeños; pueden aprender a partir de los seis meses sin ningún problema. Sólo es necesario saber cómo hay que enseñarles.”

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